
Hasta ahora, entre Pons y Morlot, prefería más bien a Morlot porque me imaginaba que era progresista e introducía el repertorio francés. El Liceu, con sus óperas, me parece arraigado en el pasado; un pasado que significa tradición y que me gusta.
Sin embargo, esta vez me he dado cuenta de que no hay ninguna diferencia. Pablo Meléndez-Haddad comenta en El Periódico: «Ludovic Morlot se inventó una sinfonía compuesta a partir de diferentes movimientos de obras de diferentes compositores…». Era imposible saber cuándo empezaba una obra y cuándo acababa. En toda esta noche de concierto solo se tocaron fragmentos, lo que me quitó las ganas de ir al Auditori.
















